En la novela de Umberto Eco, La misteriosa llama de la reina Loana, el personaje principal, después de un periodo de amnesia, comienza a recordar su vida a través de las lecturas de sus cómics, que dejó de niño en la casa de sus padres. Tal es el efecto de las lecturas en la infancia.
El cómic francófono, o “bande desinée” (tiras gráficas), nació como tal en pequeñas historietas publicadas en los periódicos a principios del siglo XX. En 1929 se publicó el primer cómic en formato revista tal y como la conocemos hoy: se trataba de la edición número uno de Las Aventuras de Tintín.
Durante la Segunda Guerra Mundial se prohibió la publicación de muchas colecciones nacionales e internacionales. Lejos de intimidar a los artistas, las limitaciones incentivaron su ingenio, y fue a partir de finales de los años 40 cuando se crearon los títulos más célebres: Astérix y Obélix, de René Goscinny y Albert Uderzo; Gastón Lagaffe y Spirou y Fantasio, de André Franquin; Los Pitufos, de Jef Nys, y un largo etcétera.
Italia y España tienen una larga tradición de historietas con viñetas, cómics, que han mantenido más menos actualizados sus contenidos. Actualmente el cómic estadounidense y el manga japonés son los de más fama y tiraje debido en gran parte al impacto multimediático de sus personajes más famosos.
Fuente:
Julio Edgar Méndez, “El cómic en México”, p. 3 – 4; disponible en julioedgarmendez.com
Comentarios
Publicar un comentario